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El lado oscuro del corazón

El lado oscuro del corazón

Rothko fue un pintor perteneciente al denominado informalismo o expresionismo abstracto americano de la postguerra. La primera vez que vi uno de sus cuadros en vivo fue en la Tate Modern de Londres. Pero para entonces yo ya había contactado espiritualmente a mi manera con este artista. Sus líneas infinitas, aunque aparentemente definidas en el espacio y tiempo, me alejaban hacia un horizonte de color y paz que me despojaban de mi misma y me hacían etérea y volátil. Esas delimitaciones de franjas de color tan solo eran para mí en esos momentos vastas extensiones encajonadas en una conceptualización cromática de los sentimientos. Así, me podría haber pasado mucho tiempo sumergida en el verde de su melancolía teniendo la certeza absoluta que estaba conectándome con el autor, y que Mark Rothko sin duda no era un hombre feliz. Y que un desamparo insoportable marcaba toda su existencia. Mas tarde supe que era un hombre depresivo y que a través de la meditación había buscado formas de estar en el mundo de una forma mas sosegada. 

Mark Rothko se suicidó en 1970 tras muchos años de búsqueda incesante a través de la expresión del color. Y yo creo que se coló en uno de los océanos rosas de sus pinturas para siempre. 

Yo si creo que el arte es un acto de comunicación pero que en muchas ocasiones vamos a un museo como espectadores pasivos y desprovistos de los desbloqueos necesarios para hablar mano a mano con los artistas, como en cada acto de nuestras vidas. Yo propongo que en vez de visitar mausoleos convirtamos los centros de arte en devaneos surrealistas con nosotros mismos. Hagamos pues un gesto drástico y arranquemos nuestros corazones con la mano derecha mientras recitamos un poema de Benedetti en alemán . 

Seguro que los que han visto “El lado oscuro del corazón” saben de lo que estoy hablando.

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